
El surgimiento de un liderazgo planetario
con la figura de Obama refuerza el sentimiento de que el momento es ahora,
de que la señal para aunar corazones y voluntades de todos los credos, razas
y naciones para atender a los retos planetarios y construir una nueva
civilización es llegada. Su último discurso en el plenario de las Naciones
Unidas dan testimonio de ese liderazgo de enorme altura. En el artículo
expongo el perfil del líder planetario y el contenido henchido de visión y
fe del mencionado discurso.
Artaza 29 de Septiembre de 2009
Liderazgo planetario
“El liderazgo no les llega a quienes
ponen su yo personal, posición y poder, antes que el bien del grupo”.
Líder es quien “no busca nada para
el yo separado y es absorbido por la búsqueda del bien para todos”,
dice la escritora inglesa ya fallecida, Alice A. Bailey, alentadora del
movimiento de “Buena Voluntad Mundial” (www.lucistrust.org).
Líder planetario es quien es capaz de comprender la magnitud de la tarea ya
no nacional, sino planetaria y de persuadir a buena parte de la humanidad
para atender y superar los grandes y urgentes desafíos comunes.
Líder es quien es capaz de concitar voluntades, estimular las almas y
levantar las miradas. Su visión alcanza más allá de lo común, su amor se
derrocha en un servicio impersonal, su voluntad abre caminos colectivos. A
gran escala, el líder planetario es quien es capaz de promover una gran
acción concertada, aunando a las naciones, a los credos, a las razas…,
porque no vela exclusivamente por el bien de su nación, credo o raza…, sino
por el de todas.
No mira, por lo tanto para sí, sino que atiende los intereses de todos. Su
liderazgo legítimo se sustenta en la entrega a la humanidad, muy por encima
de todo egoísmo ya nacional, racial, político, religioso e individual. Su
voluntad y coraje frente a los retos globales irradia a través de los medios
de comunicación a todos los ciudadanos del mundo. Líder planetario es quien
con su mirada aérea detecta y señala los objetivos más urgentes, quien sabe
jerarquizar los retos y en razón de su importancia no escatima esfuerzos.
Sabe ordenar las urgencias y en esa medida establecer calendarios.
En todos los países hombres y mujeres de buena voluntad estábamos dispuestos
a responder a un claro llamado, a un liderazgo inspirado, inteligente y
desinteresado. El llamado ya ha sido realizado. Ese hombre llegó en el
instante preciso, respondiendo a su misión titánica y a la urgente necesidad
del momento. Cuando en los albores del siglo XXI el túnel se alargaba y la
luz no se apercibía, llegó sin prisas, a la hora convenida por la historia.
Se acercó a la tribuna con humildad y comenzó reconociendo los errores de
su propia nación, la más poderosa del mundo. Ese hombre sereno y a la vez
henchido de fe, consciente de la magnitud de la obra colectiva se
comprometió a “dirigir desde el ejemplo”
e invitó a todos los líderes del mundo a compartir un futuro común ya que
“los intereses de las naciones y de los
pueblos están compartidos.”
Barack Obama habló en la Asamblea General de las Naciones Unidas el pasado
24 de Septiembre, ante los dignatarios del mundo entero, pero en realidad su
discurso entusiasmante de “cambio real
posible”, de paz y cooperación, de inclusividad y solidaridad se
había paseado ya por muchos países. El presidente de los EEUU trazó cuatro
objetivos globales: la no proliferación y el desarme, la promoción de la paz
y la seguridad, la preservación de nuestro planeta y una economía mundial
que promueva oportunidades para todos los pueblos. Inyectó raudales de
coraje para poder atender a esos grandes desafíos
(Discurso entero en www.america.gov).
Exhibió músculo, no de acero y misiles, sino de interna nobleza:
“El arma más poderosa de nuestro arsenal es
la esperanza de los seres humanos, la convicción de que el futuro pertenece
a quienes desean crear y no destruir, la confianza de que los conflictos
pueden acabarse y que llegará un nuevo día.”
Nuestros mundos eran hasta el presente muy pequeños para albergar líderes
grandes. El acentuado sentimiento patrio no daba para reconocer una
identidad planetaria. El liderazgo se limitaba a los territorios
nacionales. El desarrollo de los medios de comunicación y transporte ha
hecho nacer un sentimiento planetario. Sin embargo hacia falta un sólido
liderazgo para alentar ese sentimiento y para impulsarlo hacia la
consecución de las elevadas aspiraciones globales. Por primera vez en la
historia de la humanidad contamos con liderazgo planetario. Nunca un
dirigente había concitado tanto apoyo a lo largo de todo el planeta, ni
capacidad de aunar tantas voluntades. Hombres y mujeres de todas las
latitudes se reconocen en este hombre íntegro, amable, servidor y con clara
visión de futuro.
En el momento en que llegábamos a una situación límite y la continuidad de
la vida en el planeta entraba en peligro, en el momento en que las especies
se extinguían y los polos derretían, en el momento en que feroces
cataclismos generados por el cambio climático se desataban en tantos
lugares, cuando las grandes lacras del hambre y las nuevas enfermedades
azotaban a la humanidad, cuando el afán de lucro desmedido de los pocos
sumía en una crisis que castigaba a los muchos y más necesitados, cuando
grupos y dictadores fanáticos, auspiciadores el odio, exhibían todo su
armamento destructor…, se yergue una figura capaz de aunar a la humanidad
entera.
Obama sabe bien que la responsabilidad y el liderazgo exigen mucho más en el
siglo XXI: “Los pueblos del mundo desean
un cambio y han dejado de tolerar a quienes están en el lado equivocado de
la historia.” El presidente Obama ha declarado que ellos, los
EEUU, no podrán solos combatir esas lacras:
“Juntos debemos construir nuevas
coaliciones para poner puentes sobre las viejas divisiones, coaliciones con
diferentes religiones y credos, de norte y sur, este y oeste, negros y
morenos.”
Seguramente no será el único, pero sí el primero. Una nueva y oportuna
generación de líderes verdaderamente imbuidos de espíritu de servicio está
naciendo. Emerge un liderazgo planetario inspirado por el principio de
compartir, tan necesario en el mundo actual. Emerge, sobre todo en Europa y
América, un liderazgo que cree y confía que no hay problemas ni condiciones
que no puedan ser resueltos por la voluntad hacia el bien, que a su vez
nutre el espíritu de comprensión y fomenta la manifestación del principio de
cooperación. Emerge por fin
un liderazgo consciente de hay un vínculo fraterno entre los humanos y que
cuando sea finalmente reconocido, derribará todas las barreras y pondrá fin
al espíritu de confrontación y odio.
Una gran ovación de los dirigentes de muchas naciones cerró el mensaje de
Obama en Nueva York. Las necesidades planetarias se evidenciaron, los
objetivos fueron trazados, el liderazgo planetario es. El guante fue lanzado
a los líderes y ciudadan@s de buena voluntad del mundo entero. Sólo nos
resta recogerlo. Enfrentemos, pues, con valor y optimismo el desafío de
construir la nueva civilización.
Koldo Aldai