Madrid 16 de Octubre de 2009
Brotes verdes
El otoño araña ya el verde de la inmensa arboleda. De vuelta a casa, tras
paseo por la magia de un hayedo en plena mutación, pulso el botón que me
acerca al mundo. Los días se encogen, la naturaleza se apaga, las hojas
abrazan una tierra húmeda, pero al poner las noticias, el telediario habla
de brotes verdes. Cuesta confiar en los brotes de una economía, de una
civilización abocadas a repetir los mismos y graves errores. Cuesta seguir
la sabia de unos brotes que se alzarán hacia un mismo cielo de beneficios
mal repartidos, de dividendos a costa de la naturaleza, de prosperidad
interpretada en clave de consumo…
Urbasa explota allí arriba en ocres y amarillos, pero en el valle sí observo
brotes verdes. Los brotes que percibo no son noticia, no alcanzan
titulares, no coinciden con los del telediario. Producir no importa qué, ni
en qué cantidad; consumir no importa cómo, ni a costa de qué…, no invita a
abrazar esperanza.
Veo sí, brotes de esperanza en l@s amig@s que alzan la azada y después ponen
en la ensaladera los propios y frescos frutos de la tierra. Esperanza en mi
pueblo, que acaba de crear un banco de semillas naturales; esperanza en las
largas mesas de madera de “la sociedad” llenas de frutas y verduras
biológicas a repartir entre todos l@s de la cooperativa.
Observo brotes verdes cuando el olor de un pan recién cocido alcanza mi
ventana, cuando llega al pueblo nueva gente con un plano de casa ecológica
bajo el brazo e ideales rebosando el corazón; cuando la plaza de esta aldea
perdida en la montaña se llena de más y más niños; cuando el viejo cazador
libera para siempre a sus perros encerrados y se lanza monte arriba sin
lastre de metal, sin ánimo de matar nada.
Brotes verdes cuando el “comercio justo” va conquistando cada vez más
estanterías, cuando las granjas se clausuran y los animales vuelven a los
campos, cuando la carne sale de nuestros menús y decidimos meter sol, color
y clorofila en nuestro cuerpo.
Sí, brotes verdes cuando me llama una periodista amiga “quebrada” y decide
ya no dar eco al odio, a la muerte y a la guerra; cuando siento el latir de
su alma al otro lado del teléfono y se manifiesta resuelta a abandonar la
nómina fija, a pregonar lo nuevo.
Brotes cuando vuelvo a mi ciudad y contemplo sus paseos junto al mar
inundados de bicicletas y veo a tantos amigos felices con sus hijos
pedaleando. Brotes verdes cuando las grandes urbes dejan de crecer y
comienzan a nutrirse los campos y sus silencios. Cuando las escuelas, los
mercados, los hospitales… disminuyen en metros cuadrados, pero aumentan en
calidad y trato fraterno.
Brotes verdes cuando el hambre merma y la solidaridad se extiende, cuando el
plato es delante de todos los humanos y la pizarra delante de todos los
niños. Brotes verdes cuando conjuramos el desánimo, el pesimismo, el “esto
no hay quien lo cambie”, cuando nos tomamos de la mano y ofrendamos al mundo
nuestras más sentidas oraciones, nuestras más bellas danzas, nuestros más
bellos cantos.
Sí, brotes verdes cuando nos reunimos más de mil almas, llenando ya grandes
aforos en Madrid y Barcelona, y concentramos nuestros pensamientos a favor
de la paz y la fraternidad humana. Brotes verdes emergiendo de corazones
húmedos y abonados, brotes verdes cuando prometemos al Cielo vaciar todo el
amor de nuestra copa, cuando empezamos a conjugar los verbos en plural y a
observar la vida como una apuesta colectiva.
Brotes verdes cuando junt@s nos reunimos y soñamos, cuando cada quien en su
propio ámbito se decide a actuar de una forma diferente, con otro modelo más
solidario, con otro espíritu más integrador. Cuando prodigamos a nuestro
alrededor más amor de lo que conocíamos por amor. Cuando el “juntos
podemos”, sustituye al “sálvese quien pueda”. Cuando triunfa la
amabilidad, la buena voluntad, la mutua ayuda… Cuando tod@s contamos,
creamos, gestamos, empujamos.
La subida del Ibex 35 no nos pone. No terminamos de creer los telediarios y
sus brotes de tan pálido verde. Difícilmente albergan esperanza. La
esperanza no se mide por el número de coches que escupen las factorías. Poco
dice el aumento del gasto entre nosotr@s, sino los estómagos satisfechos en
todas las latitudes. Distingamos los brotes. Nadie pinte de verde lo que
está basado en el lucro personal, en la competitividad, en la agresión a la
Madre Tierra. Lo verde es compartir, es cooperación, es cocreación.
Caminemos juntos sobre una tierra liberada. Alimentemos los brotes de la
verdadera emancipación.
El telediario no habla de estos brotes verdes, pero es preciso
anunciarlos pues están inundando absolutamente todos los rincones. Nosotr@s
mism@s somos brotes de la nueva civilización que ya encarna por doquier. El
inmenso planeta azul ha verdecido más de lo que imaginábamos y ya no procede
callarlo. Cada un@ de nosotr@s somos esperanza. Nuestros días van de su
mano.
Hay otro mundo tras estas cortinas de humo, hay brotes verdes en medio de
este pertinaz asfalto. Tardarán en madurar y florecer, pero nosotr@s ya
sólo vamos con su savia. Ya no caben los brotes en estas breves líneas,
pronto no cabrán en nuestros campos.
Koldo Aldai