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Artaza
3 de Septiembre de 2009
Erasmus de ida y vuelta
Bolonia y su polémico plan sacaron a los jóvenes de
las playas antes de lo acostumbrado. Septiembre ha
madrugado y los aviones no esperan para quienes
pondrán rumbo a uno de los 31 países del programa
Erasmus. Muy probablemente muchas madres
“solidarias” hayan guardado también toalla y
bronceador. Son caros para las madres los nuevos
horizontes de sus
hij@s.
Seguí la pista de una de esas bravas progenitoras.
Esta madre ayudará a la joven con las maletas, pero
hubiera preferido esconderlas en el último rincón
del trastero. Jurará en su foro interno contra la
Unión Europea y el programa Erasmus, maldecirá al
inventor de la “movilidad académica”, pero
acompañará, bien arreglada para la ocasión, a su
hija al aeropuerto, desde donde volará a la ciudad
elegida. Le dará alas, aunque la víspera de su
partida empapará de silenciosas lágrimas toda la
almohada.
Junio asoma lejano, pero grande, muy grande. Diez
meses de iniciación de la estudiante para sentarse
después con ella de igual a igual, de mujer a mujer,
para hilar una misma y ya madura conversación. Son
las madres valientes de nuestros días, las que
eligen puerta abierta y no regazo. Es cara siempre
nuestra libertad, pero más aún la que en justa ley
es preciso devolver a l@s
hij@s.
Hoy tienen billete de ida y vuelta. Hace 70 años
sólo de ida. La vuelta era siempre una incógnita,
cuestión de suerte, ni siquiera de valor, por más
que la verdadera suerte se sujete siempre a destino.
La madre cercana que inspira estas líneas, apenas ha
dormido en toda la noche. Cuando la vi a media
mañana, sus grandes ojos rojos aún testimoniaban un
desconsuelo hasta el alba. Los jóvenes de hoy van a
las Universidades de Francia, Alemania, Italia…
comparten estudios con los colegas de esos países.
Amén de proseguir con la carrera, van a conocer
otras lenguas y culturas, a colaborar, a reír y
disfrutar con los estudiantes del país en cuestión.
Hace 70 años iban a intercambiar tiros y no
conocimientos, dolor y muerte y no ciencia y vida
con los jóvenes enemigos de otros países, con los
abuelos de los colegas de ahora. Ahora comparten
pupitres, hace unas décadas se enfrentaban en
trincheras. No quiero ni imaginar los ojos de la
madre en cuestión hace 70 años, si su hijo, si su
hija, en vez de a una facultad lejana, se
encaminara a una sangrienta batalla.
Septiembre también madrugó en su primer día de 1939.
Entonces comenzó la más negra pesadilla humana.
Nadie diga que no avanzamos, que la historia quedó
congelada. No veo ya a tiranos paseando sus tanques
invasores por la geografía de otros países. Ningún
padre, ninguna madre clame contra la Unión Europea,
o si no que recuerden cuando los hijos tenían que
correr a frenar a esos crueles tiranos, cuando
calzaban botas de guerra y no deportivas, cuando
blandían fusil y no portátil, cuando cogían trenes
que rugían y nunca volvían...
Koldo Aldai
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