EL LUJO

LUCES y SOMBRAS

 

La vida es decisiva, siempre estamos eligiendo, incluso no elegir, dejarse influenciar, es en sí misma una elección, irresponsable si, pero una elección al fin y al cabo. Las decisiones son más o menos luminosas según sus efectos; llamemos luminoso a todo aquello que conduce a la unión, a un grado mayor de verdad, a un grado mayor de salud, de armonía. Llamemos oscuro a todo aquello que nos aleja de lo real, del alma, del ser profundo, de la sabiduría y de la paz; a todo aquello que nos hace habitar en un mundo ilusorio, que nos conduce al separatismo en cualquiera de sus formas (egoísmo, indiferencia, frivolidad, crueldad, abuso, injusticia, etc).

 

El lujo tiene un aspecto positivo y es su vinculación con la belleza. Lo bello es inspirador, nos hace disfrutar, nos estimula, nos agasaja. Sin embargo para que esta condición se cumpla se debe dar una relación de frescura, de gratitud con esa situación de lujo, la vivencia de “excepción”, sin esa condición lo luminoso se desvanece. Es la actitud interna y no el despliegue externo lo que produce la magia. Una cena ocasional en un restaurante bueno puede ser un acontecimiento maravilloso que se disfruta, se planea, se vive intensamente y luego se recuerda; un libro de una edición especial encuadernado en cuero puede no tener precio, en el sano sentido de que una obra de arte es inspiradora y bien merece el esfuerzo de ahorrar para adquirirla. Regalar objetos de altísima calidad a los amigos amados, si uno da con algo en lo que sabe que acierta, es otro lujo lleno de sentido.

 

Cuando la ecuación se invierte, cuando el lujo no está al servicio de la vida, sino que la vida es sacrificada al lujo, cuando toda proporción se pierde; cuando el lujo ya no es algo extraordinario sino que se vuelve rutina, estamos en el lado oscuro. Cuando el carácter se deforma y se pierde la austeridad, cuando toda noción de solidaridad está ausente y en la vorágine de esa burbuja del lujo sólo queda el hastío y se entra en una rueda en que para que algo resalte debe ser extravagante y se presume y se consume, pero no se comparte, ni se es consciente, estamos de lleno en el lado oscuro.

 

Presuntuoso y extravagante es tener nieve artificial en el desierto, botellas de agua decoradas con cristales Swarovski costando cada una 180€,  relojes de pulsera de un millón de euros (Big Bang de Hublot) o móviles de 30.000 € (Vertu de Nokia). Decíamos que la belleza se asocia al lujo cuando el lujo está al servicio de la vida, cuando hay gratitud, cuando se conserva la austeridad, pero que toda belleza se pierde cuando se invierten los términos y se entra en el territorio del materialismo, de lo  extravagante. ¿Cuál es la belleza de pagar un millón de euros por un reloj de pulsera o por un jarrón de cerámica (F.M. Pinto) en un mundo en el que muere de hambre un niño menor de diez años cada 7 segundos (datos ONU 2006)? Con un millón de euros se podría financiar un proyecto que salvara cientos de miles de vidas, ¿que objeto de este mundo puede competir en belleza con una vida humana? La vida es decisiva, todas las decisiones cuentan, cada objeto innecesario que compramos, cada cosa que pagamos al triple, el quíntuple o a diez veces más de su valor porque así es “lujosa” lejos de volvernos luminosos, nos entierra cada vez más hondo en el hedonismo, el materialismo y la frivolidad; nos aleja de nuestro ser, del prójimo y de la realidad. 

 

El dinero es energía condensada, es fruto del trabajo de alguien, en él están su sudor, su cansancio, su habilidad, su esfuerzo, en algunos casos incluso sus lágrimas, o sus sueños hechos realidad. El dinero siempre tiene una historia de vida y siempre se debe tratar con respeto. Siempre, sin importar cuanto se tenga. Si convertimos el dinero en un fin en sí mismo equivocamos por completo nuestra senda, la amplia crisis económica actual ha permitido que esa verdad comience a comprenderse a gran escala, titulares como el de Expansión, que hace pocos meses proclamaba: “Hemos vendido nuestra alma al diablo” dan buena cuenta de ello. 

 

El dinero no es un fin, es un medio; un medio para promover la justicia, el desarrollo, la paz; es una poderosa herramienta para hacer el bien y muchos de los grandes millonarios de nuestro planeta lejos de dedicarse al despilfarro egoísta del lujo, emplean con nobleza sus fortunas; nada podría honrarles más. Apellidos conocidos en las listas de Forbes como Gates, Buffet, Gettys, Ford, Rockefeller, Soros, Ellison, Omidyar,  Brainerd y Kirsch encabezan ahora las listas de donaciones. El movimiento conocido como “venture philanthropy” o filantropía estratégica (caracterizada por optimizar la eficacia y la transparencia) pauta la dimensión de la revolución a la que estamos asistiendo.

Según estudios del Foundation Center y del Council on Foundations, los americanos van a la cabeza en donaciones alcanzándose en 2007 la cifra record de U$5.4 billiones. Las estimaciones son superarla en 2008. El destino de la inteligencia, el dinero y el poder, es el de ser empleados como instrumentos del bien, nuestra responsabilidad es proporcional a nuestra riqueza en cada una de estas tres esferas… Ojalá el 2010 se inicie con algún nuevo informe que muestre un descenso del lujo; si así fuera habría aumentado la solidaridad; si así fuera significará que junto con Bill Gates y Warren Buffett muchos otros habrán encontrado el camino hacia su luz.

Psicóloga Isabella Di Carlo.