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2/9/2008

EL PODER DE LA COMUNICACIÓN

La palabra es creadora, inspira, exalta, construye. La palabra hiere, destruye, da la espalda a la vida. La palabra tiene, en suma, un enorme poder; sus efectos perduran en el tiempo, se inscriben en el cuerpo, se propagan en otras palabras como ondas en el estanque del infinito. Son las palabras bellos cristales que colorean la luz en su entrada al templo y son las piedras que rompen los vitrales. El templo no es una iglesia, una mezquita, ni una sinagoga, el templo es la vida. La vida no es una ruleta, si bien hay un enorme margen de factores que ciertamente no podemos controlar, podemos controlar nuestra respuesta a lo que nos ocurre. El mundo interno sí es nuestro mundo, ese es el templo.


Una maravillosa coreografía de tambores inauguraba la ceremonia del 8 de Agosto en Pekín. Eran tambores el elemento común, en una ceremonia completamente diferente, lo que cerraba los Juegos Olímpicos. Mil doscientos millones de personas vieron la espléndida apertura; sólo en EE.UU. el sábado del octavo oro, hubo una audiencia de 31 millones de espectadores; en España los Juegos fueron seguidos por más de 36 millones de personas. Los tambores nos han acompañado desde los albores de nuestra historia, siempre han hecho dos cosas: comunicar y marcar el ritmo. Los tambores sobre los que hoy rebotan las ondas, son los satélites sobre el suelo del cielo, el sonido que propagan, es el verbo.


Las imágenes de las Olimpíadas son – salvo casos aislados - un ejemplo de autosuperación, compañerismo, belleza, amistad, capacidad de trabajar en equipo y una amplia gama de virtudes que ennoblecen el carácter y pueden ser trasladadas con gran facilidad a la vida cotidiana. Sin embargo no redoblan así normalmente los tambores en los medios. Que eso cambie depende de ellos y de nosotros, los televidentes, los lectores, la opinión pública. La vida se cimenta sobre la comunicación a todos los niveles; comunicación entre las emociones y el cuerpo como establece la psiconeuroinmunoendocrinología; comunicación entre las creencias y los hábitos de consumo como estudia la publicidad; comunicación en los matrimonios, entre los países, las generaciones, comunicación entre los reinos de la naturaleza. El arte de comunicarnos responsablemente haría de este mundo un lugar armónico, vale la pena reflexionar en ello.


Si ha habido un momento en la historia de la humanidad en que la comunicación adquiere una relevancia extraordinaria, es este; mil doscientos millones de personas viendo al mismo tiempo, la misma ceremonia dan la pauta. Una comunicación basada en el respeto a la vida, orientada a la verdad y la belleza cambiará el mundo. Tenemos la riqueza y la tecnología para hacerlo, ¿tendremos la voluntad de hacerlo?


LA PESCADILLA QUE SE MUERDE LA COLA


Hay una fatídica relación de retroalimentación entre los medios de comunicación y el público; sólo una cosa puede cambiarla y la necesitamos más de lo que creemos: la responsabilidad. Responsabilidad es habilidad de responder, habilidad de responder es responder a todo desde adentro, responder desde adentro es haber superado los condicionamientos, los prejuicios y los miedos. Ser responsables es no ser reactivos. Ser responsables nos conducirá a la paz que decimos querer, decir quererla, no.


¿Cual es el fatídico círculo vicioso? El de la violencia. Los medios se rigen por el índice de audiencia, este marca que lo que vende es la muerte, la sangre, la tragedia. Venden las imágenes espectaculares. Esto no es así sólo en España, esto es así a nivel general ¿cuántas veces se estrellaron los aviones de Osama Bin Laden en las torres de Nueva York?, ¿cuantas veces vimos tirarse de los rascacielos a las personas atrapadas entre el fuego y el vacío?


No sólo importa lo que nos ocurre, también lo que vemos, lo que leemos, lo que escuchamos importa. No elegir no existe. Llegar a casa y ya no hacer nada, no existe. Si uno se sienta en su sofá y es pasivo, ve informativos que se concentran en lo sensacionalista, lo violento, está eligiendo lo violento y lo está sembrando, es psicología elemental. Está bien que la arquitectura sea cuestión de los arquitectos y la arqueología de los arqueólogos, pero la psicología es el conocimiento del alma humana, la ciencia de encontrar el camino de regreso al ser; la senda a la felicidad. En psicología tenemos que llegar a ser buenos todos. 


Lo que sembramos en nuestra mente moldea nuestro mundo interno y condiciona nuestra percepción; a su vez nuestra percepción condiciona nuestro encuentro con el mundo externo. Pongamos un ejemplo simple, la esposa de un hombre joven se queda embarazada, él hasta entonces no veía embarazadas, ni bebés, por ningún lugar; no estaban en su mundo interno y por tanto no los registraba afuera. Ahora, viviendo y trabajando en el mismo sitio, los ve por todas partes.  Los programas de televisión tienen un efecto importante en esa labor de “sintonizarnos” porque a) emplean mensajes e imágenes impactantes, b) solemos vernos por la noche y su efecto dura las ocho horas de sueño c) solemos ver la televisión muchos días a la semana.


LA TRAGEDIA DE SPANAIR NOS TOMA EL PULSO


A partir de aquí cito, con su autorización, lo que un amigo del comandante que perdió la vida el 20 de Agosto expresa en sesión: “Esto hubiese sido imposible sin el sostén de la familia Issa, porque la gente no puede con ello, no ayudan, dificultan. He despegado varias veces encima del accidente, se ven las marcas, se te forma un nudo en la garganta, cuesta respirar. Sabes que debes estar centrado en el despegue, pero no puedes evitar ver a Antonio, ver flashes de sus hijos, de los tuyos, pensar que pudieron ser ellos, que podrán ser ellos, pero eso no es lo duro. Lo duro es ver el comportamiento de algunas personas. Una amiga mía, que era muy amiga de Raquel regresó del funeral de Barcelona deshecha, se me abrazó y llorando me dijo que la gente gritó ASESINOS a los que asistieron de uniforme. Al dolor de la muerte añadirle ese dolor, es demasiado, Issa, es demasiado.”


Realizar un mal uso continuo de la palabra con los dimes y diretes de los programas de cotilleo, favorece la frivolidad, la potencia, es perjudicial. Dar un tinte morboso a los telediarios, acentuar las noticias de robos, muertes, accidentes, suicidios, sintoniza con el miedo, lo potencia, es perjudicial. No tomar consciencia de hasta que punto los políticos se centran en criticar la labor de otros políticos y los medios se centran en difundir dicha crítica es, también perjudicial; pero nada es comparable al mal uso de la palabra, del poder inmenso de la imagen y la tecnología cuando la muerte arrasa a decenas de familias y siembra de crispación a un país entero.


No podemos seguir hablando de descontaminar el planeta y no descontaminar nuestra mente y nuestro corazón. No si queremos la paz. Nuestra palabra es el reflejo de nuestro pensamiento y nuestras emociones, “dime cómo te comunicas y te diré quien eres”. Los medios de comunicación juegan un gigantesco papel, en sus manos está seguir echando leña a los fuegos de la violencia y el temor, o izar la bandera de la Paz y la Unidad, esa que algunos llaman Olímpica. Los tambores sobre los que hoy rebotan las ondas, son los satélites sobre el suelo del cielo, que su redoble sea el sonido de la vida alzando el vuelo.


NOTA EDITORIAL
El artículo fué publicado en el Periódico ULTIMA HORA el 2 de Setiembre de 2008, en España.

Isabella Di Carlo